Footing
Enfrente estás tú, como una zanahoria en el extremo de un palo, y es tu imagen lo que me hace correr, reventando charcos, con una inflamación de pulmones propia de un enamorado, de un ahogado, de un fugitivo a ciento treinta pulsaciones por minuto. Corro para alcanzarte y tú, como un arco iris, te mantienes, cruel, un centímetro más allá del alcance de mi mano. Corro a pulmón lleno, a pulmón roto, como corremos la gente de ciudad, sin motivo aparente y con zapatillas caras. Corro por correr, por el placer de asfixiarme, de hacer latir mi corazón hasta que brotan las lágrimas, que se mezclan con mi sudor y la lluvia, formando un ungüento acre, el barro transparente con que se crean los seres vivos, los héroes. Sí, has leído bien: si estás vivo, eres un héroe. ¿Cómo si no ibas a poder llevar a cuestas una vida que sabes que se acaba? ¿Cómo ibas a soportar la muerte de los que quieres? ¿Cómo serías capaz de leer un libro? ¿Cómo podrías escribirlo? Sí, queridos: somos héroes. Los putos reyes de la creación.
Agua sucia
¿No es deprimente ver cómo llueve para nada, para no lavar nada? No limpias, lluvia, por mucho que lluevas, la mugre que escondemos bajo las aceras de esta ciudad vanidosa y fea. En cambio, traidora, humorista, nos arrojas cuesta abajo el escombro colorido de nuestras miserias. Nos restriegas nuestra mierda por el hocico, como a un perrito que se ha hecho caca donde no debe.
Almax
Digiero mal la vida. Viva lo que viva, siempre se me quedan trozos en el estómago. Ese es el precio de comer más de lo que puedes masticar. Me lo trago todo entero. Os tragué a vosotros, queridos amigos. Me empaché, os cagué y creí olvidaros. Pero no. No os olvido, pobres víctimas de mi glotonería, y sé que tampoco me olvidáis. Sé que me perdonáis más de lo que me perdono yo. Digiero mal la vida. digiero mal la amistad, digiero mal la verdad, digiero mal la mentira y digiero peor el amor. Qué mal os digerí, amadas mías, que tengo en las tripas un detritus podrido de besos, voces y perfumes. Te digiero mal a ti, mujer de mi vida. A ti, que me comes tan bien y tan despacito, enriqueciéndome a cada bocado. Y yo, que siempre tengo prisa, te devoro sin miramientos. Me trago tu dulzura, tu sonrisa de ángel, tus ojos verdes (¿o azules? creo que ni tú lo sabes). Te engullo y no te digiero. Por eso a veces te vomito encima mi propio veneno, como si tú tuvieses la culpa de que yo sea gilipollas. Digiero la vida la hostia de mal. Fui a la farmacia, compré mil tabletas de Almax, y con furia asesina me las tragué. Casi muero en el intento de expulsaros, tropezones putrefactos. Y ahí seguís, fantasmas de mierda. Ahí estáis, asesinos míos, Y no puedo expulsaros ni con Almax, ni con Evacuol Ni con nada. Preferís quedaros nadando en mis jugos gástricos, destruyéndome desde dentro sin piedad y sin prisa. Fantasmas de mi corazón, ¡qué justa es vuestra venganza!
A una esposa joven, con chalet.
En la flor de la vida te has convertido en la flor de tu barrio de adosados. Tú derramas gratis la sal de tu ingenio sobre la grasa insulsa de las barbacoas en los jardines gemelos de tus vecinos. Has crecido tanto en tan poco tiempo, que estás encantada de haber aprendido a descubrir las sisas de tu carnicero y de saber hablar —¡por fin!– el oscuro idioma de tu madre. Amas al marido bronceado y deportivo, con su sonrisa de bondad prepotente y su seguridad de joven prometedor. Adoras a los niños que han nacido con tres panes debajo de cada sobaco, y que son la suma perfecta de tu belleza y la de tu dorado Adonis financiero. Y es que la prosperidad embellece. Tú lo sabes, y te sabes el paisaje favorito para el ojo salaz del jardinero. Por eso tu bikini es tan pequeño. Por eso fantaseas con argumentos facilones de película porno.
Ojos que me miran con patas de gallo
Sentarse en un bar con un cuaderno es como sentarse en un parque con un niño. Yo estoy aquí, parece que a lo mío, y sois vosotras, sin saberlo, las que me inspiráis estos versos. Me miráis y me doráis con la pátina de las expectativas: ¿quién seré? ¿qué haré? ¿hablaré en prosa o en verso? ¿tendré polla o seré solo espíritu? ¿pensaré lo mismo lo mismo que todo el mundo o en mi cabeza solo habrá metáforas, florecillas y pasiones doloridas? Vuestra edad denuncia que lleváis más de dos décadas y media inventándoos el amor, y vuestra mirada indica que aún no habéis dado con la fórmula. Me miráis, me remiráis, me pesáis, me medís, me desnudáis, me desmenuzáis y me devoráis. Mientras yo, que tan feo soy en prosa, recibo feliz la cirugía estética de vuestros interrogantes.
A mi bebé imposible
¿Cómo voy a merecer, moflete inmenso, el infinito honor de criarte? Yo soy un señor muy viejo para hacer las cosas sin pensar, y demasiado infantil para hacerlas en serio. Te miro, te hago una cucamona, te ríes y me desarmo. Pero hasta ahí. Mejor será, ser perfecto, que te busques un padre que sepa ser padre de sí mismo.
Eco de mis pasos
¿Qué hago yo afeando la calle un domingo de resaca? Busco dónde encajar en este dulce silencio y soy como la ficha de un puzzle que se ha caído de la caja. Quedaría horriblemente impropio dentro de un corrillo de jubilados, o agarrando la manita del niño de otro. No me veo, definitivamente, compartiendo los diez minutos de perro y porro del melenudo que acompaña mis pasos con el destello rojizo que asoma tras sus ojeras. Casi me avergüenzo, mis inalcanzables crápulas, del eco de mis pasos violando vuestro sueño. Pero si aquí pinto poco, imaginadme anoche, borracho y patético, queriendo descifrar el código perdido de vuestros ritos.
Dulce holocausto
Qué bonito es —a veces— vivir entre vosotros, humanitos, perderse en la hilazón sin rumbo de vuestros pensamientos, o embriagarse con el cóctel caótico de vuestros perfumes, sudores y halitosis. Pero otras veces —las más— me emociona sorprenderme a mí mismo solo, solo y arrullado como un feto, solo, especial y único como el único habitante de la Tierra tras el holocausto de las bombas.
A una chica muy culta y muy tonta
Qué poco queda de ti dentro de ti, pero cuánto sabes. Tanto cine clásico y tanto teatro moderno, tanto pop inglés, tanta chanson francaise, tanta poesía norteamericana y tanta novela japo, tanto existencialismo, tanto estructuralismo, tantos nombres que no son el tuyo —ni por supuesto el mío—, me deslumbran tanto que no puedo verte. Qué no daría yo Por quitarte de la boca A Chomsky, Sartre, Murakami, Barthes, Jonze, Duras, Nothomb, Rohmer, Auster o Propp para poner, en su hueco, el eco humilde de un Beso.
Celebración
Hoy la vida es una celebración,
comadres y compadres.
¿Y qué se celebra?
Pues... pongamos que la vida misma.



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