valiente ocurrencia

Yo es cobarde y plano. Casi Yo es mucho más valiente y de vez en cuando se rasca la coronilla. Bienvenidos a las ocurrencias de Casi Yo.

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domingo, diciembre 31, 2017

Félix

Unas acelgas rehogadas y un huevo duro. Menuda cena de Nochebuena. Y menuda Navidad, la primera sin Félix. Chelo se negaba a comer nada más, aunque siendo honesta tenía que admitir que en realidad no era por falta de apetito. De hecho le estaba tentando poderosamente el mazapán que le habían traído sus sobrinas, pero no. Sin Félix las navidades no volverían a ser lo mismo. Bueno, nada volvería a ser lo mismo, pero es que aquella caja se la habían traído de Santo Tomé y era una lastima. 
Al final se comió una figurilla, por no desairar a Merceditas y a Susana. Bastante se habían disgustado ya: pero tía, ¿cómo vas a cenar sola teniendo dos sobrinas? Qué tontas, aún no sabían que para curar la soledad no basta con rodearse de gente. Una se siente sola cuando no está con quien quiere estar, ni más ni menos. Además, bastante tenían las muchachas con aguantarse la una a la otra, que ya tenían lo suyo sin contar a los merluzos de sus maridos y a la horda de mocosos que juntaban entre las dos. Ella nunca había querido tener niños, y mira que su hermana se lo había reprochado veces: Chelo, ¿qué vas a a hacer cuando seas vieja sin hijos que te cuiden? Pues ya ves, Mercedes, quedarme con las tuyas. No haberte muerto tan joven, tonta. Que Dios me perdone, pobrecita, pero es que aparte de ser una metomentodo tenía muy pocas luces. Tanto pensar en la vejez y si se descuida no llega ni a conocer a los nietos.

Para Chelo, lo de los hijos había sido algo sencillamente innecesario. Que le llamasen lo que fuera, pero ella con Félix siempre había tenido bastante. Era huraño, la verdad sea dicha, pero no había nadie más sensible que él a las caricias, a las miradas, a las palabras suaves y cariñosas. Esas cosas solo se saben de puertas para dentro, y por eso nadie comprendía que pudiera quererle tanto. ¿Por qué, porque no hablaba nunca, porque estaba gordo como un lechón, porque se pasaba el día en el sofá? Pues a ella siempre le había gustado así, y ahora que no estaba no tenía ganas de navidades ni de nada. Aquélla sería una noche como otra cualquiera de no ser por el mazapán y por el discurso del príncipe.

– Que no es el príncipe, que ahora es el rey.

– ¿Y el padre?

– También es el rey.

Otra cosa igual. Qué más dará el padre o el hijo, si todos dicen lo mismo. Hasta Franco hablaba de fechas entrañables en compañía de los seres queridos, que se acordaba ella. Desde luego, los jefes de estado tienen muy mala leche y muchas ganas de revolver a las personas. ¿Fechas entrañables? Muchísimo, sobre todo para las que tenemos que estar aquí, aguantándonos las ganas de llorar. Pues mira, no me voy a aguantar, que para eso estoy sola en mi casa. 

A pesar del esfuerzo, las puñeteras lágrimas no salían. Llegó a soltar un sollozo, pero sonó tan falso que se sintió ridícula. A hacer puñetas, me voy a la cama. Después de recoger la mesa lanzó otro ataque a los mazapanes. Santo Tomé, Toledo. Qué rico, coño. Y qué tragona eres, Chelo, no hace un mes que se ha ido y ni por ésas se te quitan las ganas de menear el bigote. Escondió la caja en el mueble del recibidor, para no acabar comiéndosela entera. Y justo en ese momento, un sonido le puso los pelos de punta. No porque fuera siniestro o estruendoso, sino porque resultaba excesivamente familiar. La puerta sonaba igual que cuando Félix llegaba a casa después de andar todo el día por ahí, con esa manera suya de raspar la madera con las uñas, hasta que ella salía a abrir. 

Qué cosas, fue oír aquello y ponerse a llorar como una tonta. ¿Será posible que...? No, cómo va a ser posible. Pero el ruido seguía sonando. Chelo se santiguó y, conteniendo la respiración, se atrevió a abrir la puerta. Ahí estaba Félix, tan gordo y tan guapo como siempre. Era el gato más bonito del mundo, y después de darle por perdido, su regreso hizo que aquéllas fueran las mejores navidades que había vivido su dueña. Quien no pueda comprenderlo, no sabe lo que lo que es el amor ni lo que es la felicidad.

viernes, septiembre 01, 2017

Diva

Su mirada,
sumidero.

viernes, agosto 25, 2017

Ángel exterminador

En una mano lleva una espada
y en la otra un libro sagrado.

La primera te matará a ti.
El segundo lo mató a él.

jueves, mayo 07, 2015

Treinta y tres monedas traidoras

Con el tintineo culpable de las monedas atronando en la faltriquera,
atraviesa Judas los cantorrales con un tran tran intranquilo en la cabeza.

Se extraña de sorprenderse pensando en Mao Tse Tung,
"apalea a tu padre, denuncia a tu maestro".

Qué trabajo curioso el del traidor,
esperando siempre a que la Historia le tache de revolucionario o de rata.

La estratagema de Judas es ser desleal y mártir al mismo tiempo.

Recorre los andurriales del arrabal, entre el tráfico de burros y carretas,
y al otro lado de la calle se topa con su destino:

"Quiero treinta y tres metros de soga de pita trenzada",
solicita al hombre que atiende el mostrador de la ferretería.

"Son treinta y tres monedas, por favor".

Judas sale a la calle con la faltriquera vacía,
pero el tintineo culpable sigue atronándole los oídos.

Atraviesa otra vez el trajín atrabiliario del tráfico,
ataja por los huertos y en lontananza atisba su meta,
la higuera más altanera del todo el territorio.

Ata la soga de pita trenzada a la rama más alta,
y se anuda el otro extremo a la altura de la tráquea.
Contiene el hálito, se santigua y salta.

Con el tintineo culpable de las monedas aún retumbando en su corazón,
Judas se balancea a la sombra terrible de la tremenda higuera,
y abandona este mundo para mayor gloria del Santo Arrepentimiento,
el pilar fundamental de la fe de nuestros ancestros.

A la noche siguiente, el cristianismo se cobra su segundo mártir.

martes, noviembre 25, 2014

Estúpido y extinto

Luego vendrás con que no lo sabías,
y no hay nada en este mundo
que no te grite lo imbécil que eres
y lo mal que vas a acabar.

O dejas de correr
o te quitas la venda de los ojos,
animal ridículo y sin alas.

martes, mayo 27, 2014

Los últimos hombres

Los que sobrevivimos a la guerra
seguimos viviendo por puro instinto.

Tuvimos muchos hijos
para reforestar la humanidad talada,
trabajamos duro,
bebimos y fumamos con rabia,
sin pensar en la salud.

Muchos llegaron a viejos
y redoblaron el ritual suicida
chato va, chato viene,
siempre con un pitillo en los labios.

Alguno vive aún,
sorprendido por la persistencia de la vida.
Qué holgazana es la muerte
cuando quiere.

viernes, diciembre 27, 2013

El Apocalipsis según Santa Claus


Devorado por la vanidad y la codicia
el ser humano se entrega a su carnaval
de vientres hinchados y culos ventosos.

Las tiendas están llenas y los corazones vacíos.
En el comedor social hoy dan pavo y turrón,
podemos dormir todos en paz.

Paz y amor son las consignas del día,
pobres prostitutas.

Reunidas alrededor de la mesa,
las familias se sacan los ojos
con su mejor cubertería. Santa Claus
los redimirá con el perdón de los regalos.

El estatus se envuelve en papel de colores.
Este juego, como todos, lo gana
el que tiene el paquete más grande.

Mientras, en su trono de calaveras
Satanás se descojona.
Cuando el anciano genocida del Sinaí
venga a destruir su obra
no encontrará nada que juzgar.

El hombre hace siglos que no tiene alma.


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