Una verdad
Sed de gloria,empacho de fracaso.
El difícil arte de ir tirando
Es rara la vida,
hermosa casi siempre,
feliz solo a ratos,
pero es el absurdo fluir
de los glóbulos rojos
lo que nos mantiene aquí.
Es curiosa la vida,
sobre todo cuando se trenza
con otra vida
y adquiere la consistencia
de una maroma de barco.
Sigamos pues trenzados, vida mía,
y tiremos juntos de este peso
hasta que lo arrastremos
o hasta que nos aplaste.
Es extraña la vida,
divertida a veces, feliz casi nunca,
misteriosa siempre.
Pero sin ti
ni siquiera es vida.
A los felices destructores de la Tierra
El hombre vive en medio de todo eso.De la naturaleza, de lo inmutable,de todo lo que formaría un mundo bello,un mundo sin hombres.Pero, en un mundo sin hombres,¿quién cantaría a la belleza del mundo?¿Quién soñaría con un mundo mejor?¿Quién andaría a la caza de nuevos mundos?Somos niños y Dios no nos dio una casaal entregarnos un planeta nuevecito.Nos dio un juguete, y nuestra misión sagrada,nuestro destino inocente es romperlo.Y no pasa nada:existe un universo-museo repleto de planetas impolutos,vacío hasta los topes de corazones.
Varietés
La poesía siempre ha estado en los bares,
Buscando a alguien que la convierta en poema.
Ahora los poetas van al bar a ser escuchados,
y convierten en escenarios prosaicos
los templos donde, cuando no hay varietés,
la poesía se fabrica a sí misma a gritos,
a susurros, a besos, a pellizcos, a empellones.
Está bien –supongo– lo de recitar en la tasca.
No lo criticaré,
yo que jamás necesité candilejas para ligar,
yo que no tengo el mérito de ser tan guapo,
yo que ni siquiera quiero ser poeta.
Con escribir versos me basta,
el resto lo hago a la que salta, como surja,
y no puede surgir nada poético
con un poeta dando la plasta desde el escenario,
como un ventrílocuo sin gracia y sin muñeco.
Ahora que la poesía se ha marchado de los bares
y ahora que los bares se han llenado de poetas,
yo le pido a Nuestra Señora del Espanto
que me haga analfabeto
antes de que la mujer barbuda
venga a recitarme un soneto.



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