Máquina del tiempo
Mucho me lamento de ser viejo, como si el mundo de los jóvenes me atrajera lo más mínimo. Pongo la radio y no sé quién canta, la gente se pone con cosas que no he probado y mi corazón ha perdido el blindaje anti-provisionalidades. No quiero ser joven. Si acaso, quiero volver al mundo donde lo fui.
Poeta dominguero
El oficio de poeta y el de persona se llevan mal. Por eso, de mayor quise ser poeta dominguero y persona profesional.
A los vestidos de las mujeres hermosas
¿Cómo se sentirán, queridas mías, las telas de vuestros vestidos cuando cuelguen inútiles en vuestros armarios? ¿Cómo se acostumbran a estar despegados de vuestras glorias? ¿A qué psiquiatra van? ¿Son gays? Son héroes. Sobreviven, estoicos y perfumados, a la puñalada cruel de vuestros pezones.
Deslumbramiento
¿De dónde sale tanta luz?
¿Qué astro se refleja
en tus dientes
cuando me sonríes?
¿Es el sol?
¿Es el Meteosat?
¿Es la idea
que gravita,
constante y morbosa,
alrededor
de mi cráneo semicalvo?
Cierra la boca
o me dejarás ciego.
Cierra los ojos
o te dejaré preñada.
Higiene
Si tienes cojones,
pregúntate
si una sola
de las cosas
que tienes en la cabeza
te pertenece.
Bucea
entre las canciones del colegio,
los consejos de tu abuelo,
los prejuicios de tu padre,
los miedos de tu madre,
los vicios de tus amigos,
las obsesiones de tus poetas
y las convicciones de tu diario.
Busca,
revuelve y discrimina,
tira a la basura
todo lo que no es tuyo
y a ver con qué te quedas.
Te lo digo yo:
con nada.
Lo tuyo,
lo realmente tuyo,
no está en tu cabeza.
Está en otro sitio.
Corazón, creo que lo llaman.



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