Interruptor
Quién no quisiera
vivir a ratos,
como quien va al bar
de vez en cuando,
una copita y a casa,
que es la muerte.
Una muerte reversible
y voluntaria, un encenderse
y apagarse y volverse
a encender.
Un gusto, vamos.
No como esta existencia
en sesión continua
y llena de ratos muertos.
Muertos de verdad.
Inquietudes
De tanto querer saber
acabo sabiendo
más de lo que quisiera.
De tanto huir del dolor
al final acabo
no enterándome de nada.
Siempre quise ser
tan feliz como el ignorante
y tan grave como el sabio.
Y al final, ¿qué soy?
Pues eso, un ignorante.
Pero un ignorante grave.
Violines y velitas
Poco o nada puede decirse
de mi elegancia o mi belleza,
pero soy un hombre que camina
recortado contra una luna llena.
Gesticulo y de mis sobacos
manan mil corazones rojos,
abro los labios y mis palabras
van siempre acompañadas
por un sexteto de violines.
Mírame a los ojos, escúchame,
y creerás que aquel cuento
que te contaron de pequeña
existe.
Pero no existe.
Esos violines que escuchas
con esa cara de boba
son trampa: salen de un tocadiscos.
Tunning
Espero que el chapista
haya ganado
la milésima parte
de lo que merece.
Le dará para comprarse un barco.
¿De dónde has sacado,
niña vieja,
ese culo de pedernal?
¿Dónde están las arrugas
con que la edad
debería haberte condecorado?
Los milagros se compran,
bello vejestorio, a la vista está.
Pero no todos.
¡Quién pudiera -¿verdad?-
hacerse tunning en el alma!



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