valiente ocurrencia

Yo es cobarde y plano. Casi Yo es mucho más valiente y de vez en cuando se rasca la coronilla. Bienvenidos a las ocurrencias de Casi Yo.

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jueves, diciembre 01, 2011

Reglas de hierro que te golpean


Todo empezó en el momento

en el que había más hombres que mamuts.

Entonces hubo que establecer reglas

para repartir pieles, costillares y colmillos.


Luego hubo reglas para todo.


Hay reglas escritas y reglas no escritas.

Las escritas son leyes, códigos y decretos,

y tienen a su servicio policías, jueces y políticos.


Las no escritas se llaman costumbres, usos

y tradiciones, y obligan al individuo

mucho más que todas las leyes del mundo.


No sé por qué pienso en estas cosas

camino del trabajo, con todo lo que hay que pensar:

el proyecto que se eterniza en mi escritorio,

la tibieza de mi mujer minutos antes,

el lugar donde comeré horas después,

la enorme cantidad de mes que me queda

y el poco sueldo que tengo para afrontarlo.


Podría pensar en cosas inmediatas,

pero pienso en las reglas que nos atan

mientras una Vespa baja la calle

con un idiota encima, un idiota que me grita

“¡aparta, gordo, que te pillo”.


Gordo, dice. Aparta, dice.


Las costumbres y tradiciones del siglo XXI

dan el poder a un idiota en moto

de avasallar a un viandante en plena ensoñación.


Pero no soy un viandante, ni siquiera eso.

Soy gordo, y también bajo,

y además me estoy quedando calvo.


Ese es mi delito,

y no andar pensando en las musarañas

en mitad de la calzada.


Hay una regla no escrita que dice

que si andas sobrado de peso

desprecias completamente tu amor propio

y atentas contra el paisaje de este

Xanadú dorado, lleno de gente delgada

y vestida a la última.


Si hay arrugas alrededor de tus ojos,

serás un holgazán redomado,

que hace pagar a las exquisitas retinas del prójimo

el dinero que no quisiste gastarte en cremas.


Si eres mujer y no te depilas el sexo,

serás una paleta desaseada y frígida,

una disidente de la regla de hierro que te obliga

a estar dispuesta a follar en el lugar menos pensado

y con la persona más insospechada.


Nuestras reglas ya no está pensadas

para distribuir pieles y grasa de mamut,

sino para ganarse una ración de carne humana.


El éxito ya no se mide en relojes, coches y piscinas,

ni siquiera te salva tener una profesión apasionante.

Tienes que ser sexualmente apetecible,

ejerzas o no ejerzas. Mejor una Vestal pulida

que una prostituta con olor a sobaquillo.

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